La pestilencia, al máximo nivel
Artículo de opinión firmado por Fernando Ónega, presidente de 65YMÁS
En este diario no se condena a nadie antes de ser juzgado. En este diario se respeta la presunción de inocencia como derecho constitucional, aunque haya desaparecido del lenguaje político habitual y de bastantes contenidos periodísticos. Y en este diario lamentamos profundamente que un hombre al que hemos respetado mucho como persona y como político, el señor Santos Cerdán, sea ahora el señalado por la Guardia Civil por el cobro presuntamente ilegal de diversas e importantes cantidades como comisión por la concesión de contratos de obra pública.
Hecha esta declaración de intenciones desde una empresa periodística que tiene por norma no entrar en cuestiones ideológicas ni estratégicas de partido ni en las luchas de poder que caracterizan este periodo histórico, porque su misión es otra, añadimos:
El informe de la UCO sobre Cerdán (490 páginas) es, como su volumen sugiere, fruto de una investigación minuciosa. Felicitamos a esa unidad de la Guardia Civil por su trabajo que, unido a otros anteriores, confirma a sus trabajadores como profesionales rigurosos, a los que este país debe al menos gratitud por su esfuerzo para arrinconar la corrupción. Al ser la Guardia Civil un Cuerpo de Seguridad de clara dependencia del Ministerio del Interior y, por tanto, del gobierno, estos trabajos merecen además el calificativo de valientes.
Me preocupo de resaltar esa valentía, porque los miembros del gobierno llevan mucho tiempo tratando de convencer a la sociedad de que todo lo publicado sobre Ábalos, Koldo, David Sánchez Pérez-Castejón, Begoña Gómez y otros personajes de gran lustre es mentira, ha sido inventado por oscuras máquinas fabricantes de fango, ha sido divulgado por seudomedios, o ha sido puesto en circulación por un Partido Popular que encabeza una especie de conspiración para derribar a Pedro Sánchez. Los agentes de la UCO se taparon los oídos y continuaron con su arriesgada tarea para limpiar este país. El nombre de Santos Cerdán, decisivo en el PSOE y encargado por Pedro Sánchez de negociar con Puigdemont asuntos de Estado que un Estado no puede negociar, y menos con un fugado de la Justicia, es el último de una larga lista cuya simple existencia obligó al presidente Sánchez a comparecer y actuar.
Esa es la otra parte del drama. El señor presidente don Pedro Sánchez llevaba más de mes y medio como huido de los micrófonos. No hizo ruedas de prensa, no concedió entrevistas, no habló con ningún líder de opinión imparcial. ¿Y qué ha conseguido con ese silencio que, como digo, suena a escapada? No veo otra justificación que esta: o conocía la porquería que le rodea y no sabía qué decir a la sociedad, o no conocía la porquería que le rodea y estaba esperando el final de la investigación policial para no quemarse. El silencio, en todo caso, es mal consejero político, porque tiene más de acusación que de beneficio al que se calla. Lo que haya pasado aquí lo sabremos dentro de algún tiempo, y espero y deseo que sea antes de las próximas elecciones generales. Y deseo también que la Justicia juzgue con la máxima rapidez, porque este país no aguanta mucho tiempo viviendo en la zozobra y respirando bajo la cloaca.
Ayer las graves circunstancias obligaron a hablar al señor Sánchez y a someterse a las preguntas de los periodistas. He visto un nombre hundido por la noticia, pero inasequible al desaliento y piensa convocar las elecciones en 2027. Lo he visto con más cara de pena que cuando se retiró a pensar su dimisión durante cinco días, pero ahora no anunció ni retirada ni intención de pensarla. No pudo confesar por qué se dejó engañar durante tantos años por Cerdán, pero sufre mucho porque, en efecto, lo engañó, lo decepcionó y lo deja a la espera de que alguien presente una denuncia por responsabilidad “in vigilando”, la que siempre se invoca en estos escándalos y nadie la exige de verdad. Pero habló. La noticia, asombraos, fue que Sánchez habló. Ya era hora, diréis casi todos. “El hablador a palos”, diría un autor teatral. Yo lo digo también, pero añado: no podía estar en los fastos del 40 aniversario del Tratado de Adhesión a la Comunidad Económica Europea, esa página tan gloriosa de nuestra historia reciente, sin lavarse las manos y la cara. Que la sociedad apruebe y aplauda esa medida higiénica… eso ya es otro cantar.
Posdata.- Estando en ese ambiente de cloacas, casi tan sugestivo como el informe sobre Santos Cerdán es la última encuesta del CIS (el CIS de Tezanos, se suele decir), por lo que contiene de intención de voto. Resulta que de las aguas enmierdadas surgen un Pedro Sánchez y su partido que aumentan la ventaja con el PP de forma espectacular, a siete puntos de distancia. Felicito a ese PSOE que puede decir lo mismo que los partidos antisistema: cuando peor para el país, mejor para ellos. Pero ver en el mismo día el crecimiento socialista y a su secretario general dimitido de todos sus cargos por asuntos de corrupción, es algo que decepciona a quienes creemos en la ética. Si lo que dice el CIS es verdad, la única explicación es que el pueblo español no pasa factura por robar. Si el CIS no dice la verdad, es porque en el Palacio de La Moncloa le ordenaron mentir. No descarto ninguna de las dos posibilidades ni tengo seguridad de cuál de las dos es peor.