Bildu, alternativa de gobierno

Análisis de Fernando Ónega de las elecciones vascas

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En un campeonato de fútbol, un empate como el de ayer se resuelve jugando una prórroga y, si el empate persiste, se resuelve a penaltis. En política, los empates son insólitos. Según la experiencia, casi imposibles. Pero, como la política es el arte de lo posible según una clásica definición, alguna vez el combate termina en igualada y, como en el fútbol, se puede asegurar que la igualdad sabe a victoria. Le sabe a victoria al Partido Nacionalista, que puede seguir gobernando en coalición con el Partido Socialista, aunque haya perdido cuatro escaños. Y le sabe a victoria a EHBildu, porque experimenta un crecimiento espectacular, con seis escaños más, extraídos de la decadencia del PNV y de la desintegración de la extrema izquierda, y se convierte en alternativa de gobierno. Lo que podemos asegurar es que ese sabor a victoria en el País Vasco es un sabor a inquietud en el resto de España. La realidad que surge de las elecciones vascas es calificada por el diario El Mundo como “inquietante”.

Hagamos, en primer lugar, un examen técnico de lo ocurrido. Han sido las típicas elecciones donde solo hubo un perdedor evidente: Podemos, que, después de haber revolucionado el mapa político español, lleva dos elecciones (las anteriores fueron las gallegas) en las que no consiguió ni un solo escaño. Eso es un claro camino hacia la desaparición. No ocurre lo mismo con Sumar, que obtiene un modesto resultado (un escaño), pero puede presumir de que hay vida política para Yolanda Díaz. Tampoco con Vox, que mantiene la misma representación que tenía, lo cual es un disgusto para Feijóo y su equipo, que soñaban con un 21 de abril que unificara toda la derecha, la radical y la moderada, en torno a las siglas del PP. Su representación vasca sube un escaño, y eso le permite al gran partido conservador presumir de triunfo. Y en parte lo es, porque su crecimiento en votos ha sido superior al crecimiento de los socialistas, que merecen un capítulo aparte: Pedro Sánchez salva los muebles, asegura el respaldo del PNV en el Congreso de los Diputados y no pierde el de Bildu, que ha comprobado que, siendo independentista, puede crecer si colabora en la estabilidad política del Estado que repudia. Parece una contradicción que merece una tesis doctoral.

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El resumen inicial es, por tanto, que no cambia nada en la estructura del poder tanto autonómica como estatal, pero puede cambiar mucho (o todo) en la perspectiva de futuro. La razón de esa incertidumbre es que, al margen del resultado de cada partido, el nacionalismo/independentismo vasco ha ganado poderío parlamentario. Lo ganó por el muy mencionado crecimiento de EHBildu, que muchos medios informativos califican como “histórico”. Su candidato Otxandiano ha conseguido representar el cambio generacional y social y apropiarse de la idea de renovación y modernidad. No parece haber sufrido desgaste por negarse a considerar terrorista a la banda ETA. En el País Vasco hay mucha gente –toda la que le votó– que piensa lo mismo que él. Es una realidad con la que hay que contar con este aviso para dentro de cuatro años: no es lo mismo un lehendakari del PNV que uno de Bildu. No es lo mismo un partido que gobierna con el PSOE que un partido que luchará por la independencia” con toda claridad y decisión..

Y hay otros cuatro detalles que, a mi juicio, hay que tener en cuenta el día después:

  1. Téngase presente que la campaña de Bildu ha estado inteligentemente pegada a los intereses más próximos al ciudadano, como el empleo o la vivienda. Ojalá sirva de ejemplo para Cataluña y para el resto del país.
  2. Con Bildu acariciando el poder, no sentirá la tentación de la violencia. Eso no significa que vaya a condenar a ETA, pero si Otxandiano cree que ETA fue un ciclo, es evidente que ese ciclo ha terminado.
  3. Como hemos dicho, no es previsible que se modifiquen las alianzas vascas de Pedro Sánchez.  Eso hace más apasionantes y decisivas las elecciones catalanas, con un Puigdemont que presume de ser el único capaz de decir “no” al presidente español.
  4. No olvidemos los gritos de “independencia” de anoche en la sede de EHBildu. Y tengamos presente que, a partir de ahora, hay 54 diputados en el Parlamento Vasco con distinta ideología, pero con varias coincidencias. Una de ellas, que juntos reclamarán que Euskadi sea reconocida como nación.