El campo, el gobierno y la oposición

Ayer hemos visto la mayor movilización campesina que recordamos. Lo que se reclama es algo fácil de entender: que el agricultor y el ganadero puedan recuperar lo perdido en la conjura de las crisis que hemos pasado y cada día se agravan un poco más. Su capacidad de supervivencia se ha complicado, porque a todas las dificultades tradicionales se unieron auténticos golpes a su economía: el precio de los piensos ha subido un 50 por ciento el último año y el de los fertilizantes, un 100 por cien. Si lo que el campesino percibe como renta apenas ha subido, se aproxima a la ruina. Quizá se exageren los términos de para que una manifestación tenga éxito. Quizá haya también algo de exageración en los discursos de los partidos Popular, Vox y Ciudadanos, con el propósito de pescar votos rurales y deteriorar al gobierno, pero la realidad es muy dura. Mis reflexiones tras la jornada de ayer se resumen en dos. Pensando en el gobierno, tenga cuidado el presidente Sánchez, que ya son muchos los sectores lanzados a la protesta. No todos tienen razón, pero hay días que parece el estallido del malestar. Y modérese la oposición: le oigo muchos gritos, pero me gustaría escucharle también alguna propuesta de solución.