Empatía silver en Navidad: cómo mejorar la relación con los más mayores durante las festividades
En la Navidad, época que casi por definición evoca el buenismo, la blandenguería y a veces una exageración sensiblera, se despliega una atmósfera de emociones y sentimientos intensos. Estas festividades, a menudo marcadas por un consumismo desenfrenado y encuentros superficiales, pueden intensificar los sentimientos de soledad, desamparo e incomprensión. Es una época donde la animadversión o la indiferencia hacia el prójimo, incluso hacia familiares cercanos como primos o cuñados, parece disolverse más fácilmente con un buen Rioja y Cava catalán, mientras disimulamos.
Desde una perspectiva sociológica es una mina para analizar comportamientos humanos, sociales, con las emociones a flor de piel: en el trabajo, en la calle, en la sociedad entera.. y en la familia.
Durante estos encuentros, llenos de turrón y comidas festivas, a menudo se comparte poco en términos de emociones, sentimientos y pensamientos genuinos. Estas fechas señaladas pueden convertirse en sonoros gritos de emociones contenidas, sentimientos no correspondidos y vacíos del corazón. O reproches mal traídos, siempre impertinentes. Como diría Sabina, nos sentimos, quizá, más solos que la luna, más solos que ayer y más solos que nuestro vecino o amigo (a ellos les pasa igual cuándo piensan en nosotros).
En este tiempo de reunión familiar, muchos de nosotros tenemos a personas muy mayores en la familia, y la empatía hacia ellos se debe convertir en el plato principal. En estas fechas, las personas mayores a menudo sienten que están siendo relegadas, especialmente en un mundo cada vez más digitalizado y de comunicación más superficial. Aquí presento algunas claves para mejorar la relación con los más mayores, en estas fechas:
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Comunicación, comunicación, y comunicación:
- La interacción humana debe ser una prioridad. Permitamos, toleremos e incluso estimulemos sus llamadas a la nostalgia. Cualquier tiempo pasado fue anterior, pero para ellos, revivir y compartir recuerdos es vital. No atenuemos los buenos recuerdos; revivámoslos y compartamos la alegría. A veces es mejor un buen recuerdo falso que un mal recuerdo realista, ¿para qué llevar la contraria?.
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Empatía en el cara a cara, el teléfono y en cualquier situación:
- Incluso en un contexto familiar, es crucial ser empáticos en todas nuestras formas de comunicación. Cuidemos en cada conversación la sensación que producimos, creando un ambiente de acogida y pertenencia. Generemos pensamientos de relevancia y centralidad en nuestros mayores.
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No juzgar ni subestimar:
- Evitemos juzgar o subestimar su capacidad para entender o participar en conversaciones actuales. Jamás caigamos en la tentación de expresar, sugerir o insinuar el recurrente “tú ya no te enteras”.
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Afectividad y comprensión:
- Muestremos afecto y comprensión genuinos. Busquemos sus comodidades, demos facilidades para su participación, facilitemos su participación y provoquémosles placer y disfrute. Hacer el bien a nuestros mayores es, en última instancia, un acto de egoísmo saludable que nos llenará de satisfacción y sensación de obligación gustosa cumplida.
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Empatía afectiva y paciente:
- Generemos un ambiente cálido donde los mayores se sientan valorados y comprendidos. Tomémonos el tiempo necesario para escucharlos, mostrando complicidad con su nostalgia.
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Cordialidad y alegría:
- Mantengamos un ambiente cordial y alegre durante las reuniones navideñas, conscientes de que cada Navidad es única y podría ser la última para algunos de nosotros.
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Respeto a su Individualidad:
- Tratemos a cada persona mayor como única, mostrando interés en sus historias y experiencias sin invadir su privacidad. Y, si es posible, considerando sus gustos culinarios evidenciando el deseo de agradar y el cariño que se les tiene al elegir un aperitivo o la música que se escucha en la velada. Son unos días, y suelen ser más importantes para ellos que para los demás. Poco cuesta mimarles un poco.
En resumen, estas fiestas deben ser una oportunidad para generar bienestar y gratitud, especialmente hacia aquellos que han dado tanto a nuestras vidas. Tengamos voluntad de agradar. Evitemos el desdén y el trato condescendiente. En lugar de eso, ofrezcamos una experiencia navideña llena de empatía, afecto y alegría para nuestros seres queridos mayores.
El origen cristiano de la Navidad, hoy desvirtuado, nos debería hacer recordar la frase: trata a los demás como te gustará ser tratado.