La estrella y la realidad

Terminó la moción de censura y terminó de un modo sorprendente: el ganador fue el que entraba al Congreso como víctima, Pablo Casado. A los periódicos de hoy solo les falta ponerle una corona de laurel y una aureola de santidad en sus fotos de portada. Es la resurrección de un líder. Es la euforia de la derecha moderada. Y es la ruptura de la foto de Colón. Y todo, por un discurso, por un tono, por la valentía de ponerse en frente de Vox. La izquierda está contenta por esa ruptura, pero reaccionará pronto contra la buena imagen de Casado. En cuanto se recomponga de la sorpresa, le hará pagar su osadía y su éxito, que los éxitos en España se pagan. Y que nadie se haga ilusiones: para las elecciones faltan tres años y tres años en la política de este país son una eternidad. Pasada la euforia y la sorpresa, vayamos a la realidad urgente: hay que renovar el Poder Judicial. Pero, sobre todo, hay que crear esperanza en la economía. Y hay que detener la pandemia. Señores del gobierno, se nos están muriendo seis personas cada hora, más de una cada cuarto de hora. No sé qué diablos de clase política tenemos para que resulten incapaces de hacer una política de prevención.