En el día de hoy

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Fernando Ónega
Fogonazos

Yo, pecador, me confieso: soy un caso bastante atípico. A mi edad sigo trabajando y todo el mundo es tan benevolente que todavía nadie me ha dicho que chocheo. Al trabajar intensamente y vivir de varios salarios, a veces la jubilación me parece cosa de mayores que no me afecta. Un día de estos haré cálculos de lo que ahorré a la Seguridad Social, más lo que sigo cotizando como autónomo, y creo que acabaré reclamando al Estado los años de pensión que lleva ahorrados conmigo. Además de esto, tengo el privilegio de hablar y escribir en medios de comunicación, con lo cual soy visible, incluso demasiado visible, y no sufro la invisibilidad de la que se quejan los mayores y sus asociaciones representativas. Tampoco me puedo unir personalmente, aunque sí como denuncia, al desprecio creciente a la edad y a la experiencia, porque nadie me insinuó que me retire. Sí, un caso bastante atípico, salvo en un hermosísimo detalle: soy abuelo. Y este 26 de julio dejadme que luzca ese orgullo. Y que me pavonee con los elogios que hoy nos dedican a los abuelos. Algunos de esos elogios son falsos, es decir, políticos, ¿pero qué importa? Si los políticos piropean a los abuelos (y abuelas), es porque nos necesitan. En el fondo, somos un poder. Lo malo es que solo un día al año. Pero ese día es el de hoy.

 

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