Gozosamente vieja

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Fernando Ónega: Gozosamente vieja
Fogonazos

 

Hay una señora algo mayor que yo, que me acaba de ganar. Es Anna Freixas, feminista, escritora, profesora jubilada, que publicó un libro provocadoramente titulado Yo vieja. Berna González Harbour la entrevistó en El País y me impresionó. He aquí una mujer que pasa de eufemismos, de disimulos de edad o, como ella dice, de vestir “como una Barbie patética”, y reclama su derecho a que la llamen con esa entrañable palabra de cinco letras: vieja. “Déjame ser vieja, orgullosamente vieja, no puedo ser joven y vieja a la vez”. Saludo, Anna, su vieja lozanía. Ensalzo su grito contra la falsificación, contra el artificio, contra la impostura, contra esa manipulación que hace vestir a las niñas como mayores y a los/las mayores como pimpollos. Me sumo a su reivindicación del orgullo de quien envejece porque ha vivido mucho y mucho ayudó a vivir. Como viene a decir, su generación es la más moderna, porque es la que modernizó este país. “Tengo la suerte de ser vieja porque no la he palmado”. Y tiene una viejísima aspiración: “Con 80 años, por qué no voy a poder tener una relación con derecho a roce”. Eso es: ¿por qué no?