El silencio de la cordura

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El silencio de la cordura
Onega Fogonazos

 

Última prórroga del estado de alarma aprobada, y serán seis. Multiplicadas por 15 días cada una, 70 días de alarma y confinamiento. Ya falta menos: a partir del lunes, dos semanas. Pero no crean que los diputados que ayer hablaron en el Congreso se ocuparon mucho del tema, que seguramente les parece aburrido. Lo que hicieron fue una especie de debate sobre el estado de la nación, “el estado del Estado”, dice el vasco Aitor Esteban. Y lo que a este cronista le quedó es que se siguen viendo dos Españas de difícil conciliación. A un lado, los conservadores que describen un país al borde del abismo, con un presidente que, a juicio del señor Casado, es “el más radical de la historia”. Al otro, los defensores de ese presidente tan radical y sus políticas. Es una división que se corta con un cuchillo. Yo recordé lo que Andrés Trapiello escribe en su libro Las armas y las letras sobre los tiempos anteriores a la Guerra Civil: “Entre tanto ardor, los que pedían un poco de cordura no se habían quedado afónicos; simplemente no se les podía ni quería oír. Tampoco escuchar”. Ahora, a los que pedimos cordura nos llaman equidistantes. Y nos lo dicen como insulto.