Comisiones indecentes

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Comisiones indecentes
Fogonazos

 

Luis Medina Abascal, marqués de Villalba, hijo de la gran Nati Abascal, hijo y hermano del Duque de Feria y, según la crónica rosa, uno de los solteros de oro de la sociedad española. Alberto Luceño, al parecer empresario, del que no tengo más referencias porque no figura en el índice del famoseo. Son los dos hombres que se las ingeniaron para colocarle al Ayuntamiento de Madrid un cargamento de mascarillas, guantes y test en plena angustia por falta de ese material sanitario, para obtener la abultada comisión de seis millones de euros, “un exagerado e injustificado beneficio económico”, según el léxico judicial; una posible estafa, según consta también en el escrito del juez. Reconozco a ambos la presunción de inocencia. Pero, si los hechos se confirman, ambos personajes merecen el castigo que marque la ley en su máximo nivel. No puede quedar impune el indecente aprovechamiento de un estado sanitario de alarma. Y aún así, me quedaré con una duda: cuántos “listos” se habrán aprovechado de aquel estado de necesidad; cuántas administraciones públicas se habrán dejado atrapar para satisfacer la demanda social. Temo que esos casos no se hayan producido solamente en Madrid.