Rumbo a las urnas: ante el debate de hoy

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Rumbo a las urnas: ante el debate de hoy
Cintillo elecciones generales 23J 2023

 

Esta noche a las 12, cuando apaguemos el televisor o la radio después del debate, las audiencias, convertidas en opinión pública, quedarán divididas en cuatro: una cuarta parte, desinteresada de todo lo que se habló; otra, enamorada de Pedro Sánchez y su forma de hablar porque ya lo estaba antes; una tercera, dispuesta a proclamar a Feijóo “santo súbito”, y la última, lamentando que no se haya podido escuchar a Vox, a Sumar y a otras ruidosas minorías que, después de todo, van a decidir más en la formación del gobierno que millones de ciudadanos individuales.  

Los analistas periodísticos aseguran que este va a ser el debate decisivo. Cada uno de los participantes y sus asesores llegarán, pues, al plató de Atresmedia convencidos de la necesidad de dar el golpe. Seguro que han preparado más golpes de gracia que datos reales de la evolución de la economía y el empleo. Los “couches” aconsejan más conmover que adoctrinar, porque los protagonistas están en la tele y la tele es un espectáculo para públicos muy diversos, pero todos sensibles. Dicen que se ganan más votos haciendo llorar de ternura a una abuela que rebajando diez puntos los impuestos. Eso dicen.

Ante tan bello, intrigante y masivo espectáculo, este cronista les confiesa que a las 10 de la noche también se pondrá ante el televisor dispuesto a dejarse convencer. Tendrá lápiz y libreta, en vez de palomitas. Necesita que uno de los dos le convenza para tener alguien con rostro en quien confiar para afrontar el futuro de este país, que sigue sin ser fácil ni un juguete para aficionados a los experimentos. Desde esa actitud mental, les pido a los contendientes una cosa cosa: que sean honestos.

Ser honestos en una noche y en un debate como el de hoy es presentar objetivos posibles y no ensoñaciones que siempre terminan por causar decepción en los ciudadanos. 

Ser honestos es someter a debate datos reales de la vida de la gente y de la actividad política, porque lo contrario sería manipulación, y la manipulación es la principal fábrica de mentiras políticas.

Ser honestos, en fin, es respetar al adversario y reconocer sus razones cuando las tiene. El primero que lo haga en este país, después de cuarenta años largos de democracia, quizá pierda las elecciones, pero pasará a la historia como un caballero de honor. Lamentablemente, ningún asesor le habrá dicho hoy a Sánchez ni a Feijóo eso de caballero ni eso del honor. Si no lo llevan de fábrica, no se alquila en un plató de televisión. Y menos, si la opinión pública las está gritando: “a muerte, señor Sánchez”, “a muerte, señor Feijóo”.