Abusos, prepotencias, robos

Como no me tocó la Lotería siguiendo tradicional costumbre, la mayor alegría de ayer me la dio el Consejo de Ministros. Aunque les parezca extraño –y a mí también–, el gobierno a veces da alguna alegría. La de ayer se contiene en un pequeñísimo detalle: los teléfonos 902 dejan de ser de pago. Por lo menos, los que supuestamente se dedican a atención a los clientes. No nos vamos a enriquecer con esa reforma ni creo que sea un ahorro sustancial para casi nadie. Pero –aquí habría que escribir un taco– ya está bien. Ya está bien de que poderosas empresas de servicio, entre ellas muchas sanitarias, quieran meter mano en la cartera de las personas a las que dicen servir. Ya está bien de que al otro lado haya una máquina que te entretiene, como si quisiera perder el tiempo para que te cueste más. Ya está bien de desalentar las reclamaciones del ciudadano por este procedimiento, porque reclamar cuesta dinero. Ya está bien de abusos, de engaños, de prepotencias, de legalidades convertidas en fraudes y de robos pequeños, pero masivos.