Tiempo de flaca tolerancia

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Tiempo de flaca tolerancia

No es preciso estar muy instruido para entender qué significa ser tolerante. Todos podemos responder sin dificultad. Es igual que  cada cual lo haga con un sentido propio; su interlocutor lo entenderá. Y su respuesta podrá ser un posicionamiento certero. 

Déjenme que repita con la RAE: "Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás, cuando son diferentes o contrarias a las propias". Así define la 'tolerancia'.

Podría decirse lo mismo respecto del concepto 'respeto', presente en esa definición y tan concreto su interés que lo dejaré para otro día. Sin embargo, una actitud fiel a la tolerancia como es “llevarlo con paciencia” –de lo que se trate– me permite escribirles algo hoy acerca de ella.

Los cristianos, asumimos el deseo de hacer universal y desear ser nuestra doctrina la principal –si no exclusiva– pero sosteniendo el respeto y aceptando la existencia de otras formas de vida en religión, creencia e ideas, y decimos entender también el rechazo a la fe de otras personas.

La manera de ser y comportarse de un ser humano, solo a él le corresponde y no tiene que ser homogénea para el resto. La forma de pensar es naturalmente diversa y es una riqueza de la especie.

Si el otro cree sinceramente, y más si esa posición y conocimiento están avalados por principios serios y por muestras de digno resultado, pero diferimos de su planteamiento u oportunidad, no debemos porqué atribuirles contrariedad a nuestras propias ideas.

Tolerar también puede significar perdonar. Por qué enfadarnos  y replicar una creencia, discrepar de una opinión con desprecio por no pensar igual o achacarlo a una imaginación u opinión diferente y que nos molesta. Mejor corresponde ser transigente o silenciarse. 

Si miramos en rededor, recordando algunos acontecimientos, personales o sociales y hacemos una reflexión sobre cómo apreciamos esas manifestaciones y sus contradicciones con lo que esperamos normalmente todos, por coherente y reconocido, como lógico y procedente ¿cuántas veces nos disgusta?

Me parece a mi que, actualmente, el grado de tolerancia entre nosotros ha decaído mucho. Creo que esa sensación se corresponde con un aprecio menor, por un cambio a peor, en reconocer la existencia del semejante. La presencia efectiva del otro.

Ahora, y desearía no ser cierto, el concepto gente, como pluralidad social, ha dejado de ser una agrupación en la idea de colectivo humano semejante y reconocido como grupo aspirante a estar entre iguales, a convertirse en individuo –de individual– para el que lo de ser tolerante está “machacado” por el insulto y el desprecio.

Resulta curioso comprobar cómo en un ambiente político-social creado al amparo de la existencia de Ministerios, ONG’s, Corporaciones y Fundaciones, Asociaciones y Clubes, siempre “justificados” en criterios (¿?) sociales y humanos, que dicen “cuidarse” de ciudadanos vulnerables, no seamos más tolerantes. 

Me preocupa que en una Europa soberana, humanista, intelectual dominadora de tantas culturas y de una España virtuosa, culta, maestra, y benefactora universal, contagiados de tanto furor progresista (orientación al progreso frente al estatismo) se sacrifique tanta calidad de pertenencia privilegiada de grupo social elegido, por cambio de identidad y desenfreno hacia el Homo Deus.

Siento pena ante el insulto, el despropósito político, la indecencia de tanto lucro torticero, la falsedad de la información y su compraventa, la mentira del estado del bienestar, el fariseísmo de tantos, que maldice la democracia, la confianza y la seguridad merecidas.

Y le solicito a usted, estimado lector, con respeto y de buena voluntad, sea tolerante con todos ellos, quiera entenderlos si puede, perdone, aunque no quiera olvidar, no consienta, aunque sea silenciando urnas, disparates, piñas que no resuelven nada y tenga mucha paciencia. Pero siempre que le sea posible, clame por la verdad.