Vacunas, el desaliento

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Onega Fogonazos

 

Alguien dijo que no entendía por qué no se estaba vacunando las 24 horas del día los 7 días de la semana. Apoyo el criterio. Si la pandemia está causando más muertes que una guerra y hay un alarmante aumento los contagios, habría que dedicar todos los esfuerzos a vacunar a la mayor parte de la población, sobre todo a la de riesgo, en tiempo récord. No veo una urgencia mayor en ningún ámbito de la vida. Frente a ello, observamos la tremenda desigualdad de la vacunación según las regiones; la renuncia del gobierno al mando único en esta materia, como si se quisiera desentender y llegada de vacunas de forma muy lenta, quizá por culpa de la planificación europea. Por ello, Alemania ya organizan la compra de vacunas por su cuenta, sin atender a lo acordado por Bruselas. Y encima, los gobernantes son incapaces de dar explicaciones y de hablar con claridad: están más presos de su afán propagandístico que de la eficacia. ¿Qué se necesita para que despierten? Lógicamente, lo ignoro. Pero sí sé que, en vez de esperanza y confianza, se está creando desaliento y descrédito en la sociedad.