Ante el viaje del rey

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Ante el viaje del rey
Fogonazos

 

Llegó el rey Juan Carlos. Pasó del palacio a la casa de clase media en Sanxenxo. Pasó de la soledad lujosa al bullicio del pueblo. Pasó del desierto al verde de la Galicia esplendorosa. No tuvo una gran recepción, pero fue de gente que lo quiere. Fuera de su trayecto, mucho ruido mediático y político: un gobierno que le pide explicaciones; una izquierda que no lo quiere ver aquí; un Pere Aragonés que considera el viaje incompatible con la democracia; una demagogia que dice que este viaje lo pagamos todos o que el rey viene a comer bien… “No hay perdón para el rey”, escribe este coronista esta mañana en La Vanguardia. La Justicia no le impide venir ni nunca se lo impidió, pero hay una especie de sentencia de una parte de la clase política que lo quiere condenar a la cadena perpetua del exilio. Creo que la mayoría silenciosa le ha dado la bienvenida y este cronista se suma a esa mayoría. Y en cuanto, al despliegue y al ruido mediático, ¿qué se esperaba? ¿Acaso la indiferencia informativa? Ante un personaje de la dimensión histórica de don Juan Carlos, nunca puede haber indiferencia. A lo que se puede esperar en el futuro es a verlo aquí como una costumbre. Esa será la normalidad.