Una exigencia popular

Una crisis de gobierno no se produce cuando se le antoja a un presidente. Se produce cuando lo ordena la opinión pública. Y la opinión pública empezó a dictaminar la crisis del gobierno Sánchez cuando dejó al PSOE como tercera fuerza en la Comunidad de Madrid. Lo siguió haciendo en las encuestas de intención de voto, al anunciar que le retiraba su confianza y se la daba al PP. Y lo terminó de hacer cuando gestos populistas como retirar la obligación de llevar mascarilla por la calle o datos positivos como los indicios de recuperación resultaron insuficientes para cambiar el designio de la sociedad. Ese designio ordenaba cambiar, y Sánchez cambió. Se pueden hacer y se hacen infinidad de análisis, pero la realidad solo es una: Sánchez cambia para recuperar votos y no regalar el poder a su oposición. Se supone que se cargó a los grandes responsables de los grandes fracasos y se supone que buscó los nombres que pueden aportar soluciones y de paso le salven a él. Eso es todo. Los detalles que hoy parecen apasionantes –la identidad socialista, la estrategia de promoción de candidatas autonómicas, la crueldad demostrada hacia los más fieles– dentro de una semana ya no significarán nada. Lo único que volveremos a mirar será si empezaron a cambiar los estados de opinión.