El precio de un error

En medio de la refriega electoral de Madrid, un “pequeño” detalle que pasó bastante desapercibido, oculto entre las pasiones políticas: el crecimiento de la economía este año no será del 9,8 como se dice en los Presupuestos, sino del 6,5. Tres puntos menos. Esa es la nueva previsión de la Vicepresidenta Nadia Calviño. Se agradece la sinceridad, obligada por los informes de organismos internacionales y españoles. Se puede alegar: pero al menos creceremos, lo cual es importante viniendo como venimos de una estrepitosa caída del 11 por ciento en 2020 y continuando en estado de alarma hasta el 9 de mayo, que es casi la mitad del ejercicio. También es cierto, pero con dos salvedades: una, que se confirma que los Presupuestos no eran realistas, tesis que el gobierno despreció. Y otra, que si a esos presupuestos les falla la base fundamental, que es la previsión de crecimiento, falla todo lo demás. Ahora volvemos a una incertidumbre que durará casi nueve meses. ¿Cómo se le puede pedir confianza a la sociedad? La desconfianza se alimenta a sí misma. Ese es el fruto de un error de previsión.