De Málaga a Malagón

La huelga del transporte estaba mal, se intentó arreglar en una reunión del gobierno con sus asociaciones mayoritarias, se anunció una subvención de 500 millones de euros, y la huelga se puso peor: a los huelguistas que había, con sus voluntarios y sus piquetes, se une la patronal Fenadismer, lo cual significa que hoy pararán otros 50.000 camiones. Es el noveno día de dificultades en la carretera, de ruina en sectores sensibles como el agrario o el comercial y de desabastecimiento, agravado por la psicosis de falta de alimentos. ¿Por qué este fracaso? Quizá sea porque no se negoció con los convocantes de la protesta. Y se agravó porque se les puso un cordón sanitario considerándolos manejados por la extrema derecha. Ante esa marginación y esa provocación, se estimuló el cabreo, fallaron las bases del diálogo, la movilización ganó adeptos y la ministra de Transportes salió engañada de la reunión, anunciando victoria en Onda Cero y desmentida con cierta crueldad. Seguimos condenando los métodos de la huelga, seguimos lamentando los daños que produce y seguimos diciendo que la torpeza nunca fue buena consejera. Ni en los conflictos ni en la normalidad.