Festival de aguafiestas

Yo pensaba que, con la aprobación de la ley de pensiones, bastante mal llamada “reforma de las pensiones”, entrábamos en un periodo de paz para el pensionista presente y futuro. Qué inmenso error. No hay día en que alguien más o menos autorizado no dé la murga para amargarnos el desayuno o la cena. Unas veces es un avispado economista de guardia empeñado en demostrar que con la vinculación de las subidas al índice de precios, el sistema público terminará por reventar. En otras ocasiones, algún afamado analista de futuros analiza los salarios actuales para llegar a la conclusión de que las cotizaciones derivadas de usos sueldos cada vez más raquíticos, tienen que empobrecer las pensiones venideras. Y por si faltara algún cenizo en este festival de aguafiestas, ahora es la mismísima OCDE la que se encarga de poner sobre nosotros unos nubarrones más negros que los de la borrasca Barra. Todo, para decir lo que ya sabíamos. Por ejemplo, que el envejecimiento amenaza, gracias por el aviso. Yo no sé si dicen esas cosas para incordiar a Escrivá o porque el diablo, cuando no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas. Pero, igual que Serrat le canta al niño de la pelota, dan ganas de salir a la calle con una pancarta: “Dejen ya de joder con las pensiones”