Mayor, no eres prioritario

La ministra Ione Belarra hizo un correcto programa de reforma de las residencias de mayores. La pandemia las dejó heridas y es urgente hacer algo. Y así, la señora Belarra pensó que las residencias del medio rural no deberán tener más de 75 plazas y las del medio urbano, no más de 120. Además, obligaría a tener más personal fijo, porque el porcentaje de empleados temporales es excesivo, y se daban unas nuevas normas de calidad en el servicio. Como programa, ya digo, es correcto. Pero le faltó un “pequeño” detalle: quién paga eso; de dónde sacan recursos las comunidades autónomas; qué hacen las empresas privadas, si tienen unos edificios ya construidos y acordes con la normativa hoy vigente. Reducir a 75 o 120 las plazas y otras exigencias supone en la mayoría de los casos una auténtica remodelación y el Estado tampoco dispone de financiación disponible. Lo dijo así García-Page: “Ya está bien de que el Estado invite, pero no pague”. La conclusión es deprimente: por falta de dinero nos vamos a tener que quedar sin una política de residencias a la altura de este tiempo. Lamento escribirlo, pero es así: atender a los mayores, cualquier que sea su indefensión, no es una prioridad en este país.