La intriga de la investidura
En este país nuestro, no se sabe hacer política sin suspense. Diríase que la crónica tiene más de película de Hitchcock o de novela de Agatha Christie que de novelón sentimental. Es imposible pasar una semana seguida sin que los analistas se conviertan en investigadores de un crimen o de una conspiración para derribar a un adversario y, cuando hablo de derribar, quiero decir matarlo “bien muerto”, como mandan los cánones del duelo o del asesinato a sangre fría.
Lo hemos visto a lo largo de toda la legislatura pasada, que crucificó al líder del Partido Popular, señor Casado. Lo seguimos viendo en las dos campañas electorales, donde el suspense se fabricaba cada mañana con una lluvia de encuestas (seis cada día durante dos semanas), como para crear ambiente de incertidumbre. Las dudas llegaron al mismo momento del recuento de votos, que parecía dirigido por un mago del misterio y la emoción.
Y, naturalmente, se prolonga ahora, con la incertidumbre de quién será el personaje investido presidente del gobierno de la nación. Parece bastante claro que el señor Feijóo no podrá sumar lo suficiente como para que el rey le encargue ese trabajo. Y parece bastante claro que, si hay alguien que puede mantener la mayoría de 2019, ese alguien es el señor Sánchez, por méritos acumulados y por garantía de que la política de derechos y libertades no sufrirán ningún retroceso con él en La Moncloa.
¿Se puede crear más intriga? Pues sí se puede. ¿Cómo? Aportando la idea del bloqueo; es decir, haciendo inevitable la repetición de elecciones, tesis que parece ganar adeptos cada día: hoy tiene más seguidores que ayer, pero probablemente menos que mañana; el caso es añadir, aunque sea inventándola, una dosis de incertidumbre a lo que debiera ser tranquilidad de futuro, pacto para la gobernación y soluciones perfectamente previstas en el marco legal o en la costumbre democrática.
La vía española es fecunda: ahí tenéis al señor Puigdemont, de quien ya se empezó a decir que tiene al gobierno en sus manos; o que, junto con Esquerra, ya tiene hecha una valoración del precio que pondrá a su colaboración con Pedro Sánchez. Los guionistas del serial ya pusieron algo en la balanza: amnistía y referéndum de autodeterminación de Cataluña. “Todo, sin salirse del marco de la Constitución”, dicen hoy varios medios informativos con informaciones privilegiadas.
Así se empieza a perfilar la actualidad postelectoral. Yo solo añado un temor: cuando se habla del marco constitucional, ignoro qué Constitución están imaginando. Seguro que no son las mismas la de Pedro Sánchez y la de Puigdemont. Ni siquiera la de Núñez Feijoo y la de Santiago Abascal.