El final de la diplomacia

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El final de la diplomacia

Días incómodos para el ciudadano madrileño, pero días de gloria para la ciudad de Madrid, porque los acuerdos de la Cumbre de la OTAN llevarán el nombre de la ciudad. Así lo destacó el presidente Pedro Sánchez, el español más feliz porque consiguió reunirse con Biden y recibió de él elogios a su liderazgo. Ya ha dejado de ser ese “don nadie” con quien Biden no contaba ni para los contactos telefónicos. Celebro el nuevo clima que se respira en La Moncloa, como celebro ver a nuestros reyes rodeados por los dirigentes más importantes del mundo. De lo que discrepo mínimamente y sin ninguna autoridad para hacerlo es del espíritu que mueve esta cumbre. Por lo que se dice y se intuye, va a suponer el entierro de la diplomacia como forma de resolver los conflictos. Toda la estrategia nueva de la OTAN se basará en armarse hasta los dientes: 300.000 soldados más para presionar a Rusia, aumento del gasto militar, más buques destructores en la base de Rota y final de la neutralidad con la adhesión de Noruega y Finlandia. Seguramente hay que hacer todo esto, porque el mundo está en guerra. Pero el tono anuncia que ampliar esa guerra va a resultar inevitable. Y una guerra en estos momentos es una guerra de destrucción.