La fuga del talento

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La fuga del talento
Fogonazos

Por razones familiares, estoy volviendo a una vieja sensibilidad: ¿encontrará empleo mi hijo al terminar sus estudios? Si lo encuentra, ¿en qué condiciones, dada la precariedad laboral? ¿O estará condenado a trabajar en el extranjero? Esta es una conversación habitual entre padres. Y les puedo asegurar algo que me parece tremendo: casi todas las familias que conozco, empezando por la mía, tienen algún familiar joven trabajando en otro país. En otros tiempos, nuestros pueblos eran desangrados por la emigración. Llegó a haber más se dos millones de compatriotas trabajando en los más diversos y humildes oficios en toda América, en Suiza, en Alemania, incluso en Canadá. Muchos han regresado con un pequeño capital. Otros han conseguido echar raíces en el país de acogida. La emigración de ahora es más silenciosa, menos numerosa, pero más seleccionada: se marchan los nuevos titulados y doctores, se van profesionales acreditados y especialistas. Multitud de jóvenes de gran formación tienen puesta su mirada en otro país. Está emigrando el talento. Estamos perdiendo un gran capital humano. Y se siguen rompiendo familias.