Nuestros huérfanos

Galicia está de luto oficial y privado por la tragedia del buque Villa de Pitanxo. Sólo 3 de sus 24 tripulantes han sido rescatados con vida. La mar, “ahíta de naufragios” que decía Antonio Machado, se tragó a los restantes en un golpe de crueldad de los que llaman “golpes de mar”. Dicen que fue el peor accidente de un pesquero en casi medio siglo. El Villa de Pitanxo era un buen barco. Estaba acostumbrado a navegar en aquellas aguas en las que también cayó el Titánic. Su patrón había superado tormentas y galernas. Quizá nunca sepamos con exactitud qué ocurrió, qué destruyó y hundió el barco, cómo murieron los marineros. Solo sabemos que unas mujeres que esperaban a sus maridos son hoy viudas sin consuelo. Solo sabemos que quedan niños sin padre y familias rotas. Y solo sabemos que la Galicia marinera está desolada, porque no sólo está de luto; es que ha perdido la confianza en la seguridad. Dependemos de un golpe de mar, que a veces es un golpe de tierra. O un golpe de infortunio. Señores gobernantes: no dejéis solas a esas familias destrozadas. No dejéis solos, sobre todo, a esos niños. Son nuestros huérfanos.