Que se mueran los pobres

Se ha publicado que los grandes ricos, los inmensamente ricos de Silicon Valley como Jeff Bezos no quieren morir. Quieren, por lo menos, retrasar su muerte todo lo que se pueda, a ser posible varios siglos, aunque Bezos habla de 50 o 60 años. Para ello están invirtiendo cantidades fabulosas en investigación. Quizá piensen que, si su dinero sirve para prolongar la vida, la humanidad les perdonará su acumulación de beneficios y patrimonio. Ese patrimonio supera en algunos casos los presupuestos de Estados que tienen que financiar la sanidad y las pensiones de decenas de millones de ciudadanos. Pero yo sospecho que piensan algo menos confesable: ¿de qué les sirve tanto dinero, si al final van a terminar en el mismo lugar que su chófer, sus guardaespaldas, o quizá aquel mendigo que vieron en una esquina de Nueva York? ¿De qué les habrá servido si un día les viene un infarto y los lleva directamente al crematorio, igual que al más modesto de sus empleados? Morir siempre es un trance delicado, según dicen. Pero ser uno de los ricos más ricos del mundo y dejarlo todo ahí debe ser algo difícil de digerir.