Pacto de rentas, por favor

Cada final de mes, la misma historia: el IPC que, tal como se está poniendo, este cronista ya no traduce como Índice de Precios al Consumo, sino como Índice de Pobreza y Cabreo. De pobreza, porque sigue siendo evidente que cada punto que sube el coste de la vida es un punto que perdemos de poder adquisitivo. Y de cabreo, porque es lo que sentimos cada vez que vamos a la tienda y nos pasan la cuenta de lo comprado. La realidad del momento, que preocupa a economistas, gobernantes y contribuyentes, es que la inflación no baja, a pesar de todas las profecías que decían que iba a ser pasajera. Ahora lo que hay que evitar es que, además de ser un problema económico, sea un problema social, porque una sociedad empobrecida supone que haya una parte de esa sociedad en exclusión social. No es lo mismo una subida del 8,7 para una renta modesta, incluso inferior a mileurista, que para una renta de alto nivel. Este es un ruego a empresarios y sindicatos: intenten otra vez negociar un pacto de rentas, que reparta beneficios, pero también sacrificios, como sugiere el gobernador del Banco de España. Inténtenlo, porque de lo contrario nos podemos encontrar con una negociación salarial innegociable y, a partir de eso, con un posible conflicto social.