Señales de alarma

En el cuarto día después de la surrealista votación en el Congreso de los Diputados, el panorama político que se divisa es inquietante. Los dos bloques en que se alinean los partidos están más enfrentados que nunca. En consecuencia, la polarización es lo que define el momento político. La polarización produce el fenómeno más peligroso para la concordia, que es la aparición del odio, que ya se observa en muchos discursos. Cuando el odio asoma, asoman también algunas de sus características, como es la voluntad de apartar del escenario a los rivales, simplemente porque tienen otra ideología. Pues bien: todas esas secreciones purulentas de la lucha por el poder aparecieron ya en España. Se publicaron informaciones que aseguran que esos rencores y esas ansias de dejar sin voz a rivales que representan a millones de ciudadanos ya empezaron a calar en la sociedad. Si eso es así, ha llegado el momento de apelar a la responsabilidad de todos, especialmente de los dirigentes políticos. No está en juego qué ideologías mantienen o conquistan el poder. Están en juego la convivencia y la paz civil.