El gigante y las hormigas

¿De qué sirve ser el amo del mundo? ¿De qué sirve tanta riqueza, tanta exhibición de poder, tanta tecnología y tantos viajes al espacio? ¿De qué sirve todo, me pregunto mirando a Estados Unidos, si miles de personas que buscan pan parecen hormigas bajo el largo puente de una autopista en la frontera con México? ¿De qué sirve ser la cuna de los derechos humanos, si unos guardias a caballo andan a la caza de personas, como si fuesen zorros en el Reino Unido? Veo esa riada de gente de la castigada Haití de las inundaciones y los terremotos, que buscan el sueño americano y se les trata como a delincuentes y se les dice que van a ser repatriados. Antes había visto a otros miles de almas intentando la misma aventura. Y a abuelas que apenas podían andar, cruzando el Río Grande. Y a niños encomendados al albur cuando sus padres no pueden pasar. Pero no nos fijamos en ellos. Pasamos página porque es desagradable y no estamos para escenas tristes. El mundo solo se conmueve si un gigante inmobiliario chino entra en peligro de quiebra. Eso sí que agita mercados y conciencias. Merecemos que quiebre. A ver si así los poderosos del mundo empiezan a tener corazón.