Rumbo a las urnas: La noche de Feijóo

Rumbo a las urnas: el cara a cara Sánchez-Feijóo

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Análisis de Fernando Ónega sobre el cara a cara electoral: La noche de Feijóo

Antes de celebrarse el debate, se le calificó como “decisivo”. Como las competiciones deportivas, la confrontación televisiva tenía un favorito, predeterminado por las características personales y los antecedentes, y ambos jugaban a favor del señor Sánchez. El todavía presidente del gobierno salió a la cancha de Atresmedia con justificada fama de telegénico seductor y con el antecedente de los últimos encontronazos en el Senado: en todos esos combates ambos salieron a matar y en casi todos ellos, sobre todo en el primero, Sánchez fue demoledor. Se propuso demostrar que el “efecto Feijóo” era inexistente o desmontable y en algunos momentos lo consiguió. Feijóo pagó así su bisoñez parlamentaria estatal.

Pero aprendió. Conoció la dureza, sobre todo la dureza de intenciones, del contrincante. Supo que en la política y en el fútbol no se pueden regalar goles. Como el debate de anoche era un espectáculo televisivo, ganaría el mejor actor. Y quizá no lo pensaron sus asesores, pero está hoy en una crónica periodística: cuando sales de perdedor e incluso se espera que recibas una gran paliza, “sobrevivir es ganar”. Alberto Núñez Feijóo sobrevivió a un dificilísimo debate; por tanto, ganó. El diario La Vanguardia hace hoy un muestreo entre ocho de sus colaboradores habituales con este resultado: seis proclamaciones de Feijóo como ganador, un empate y una solitaria victoria para Sánchez. No recuerdo una confrontación de este tipo con un juicio periodístico tan claro. En La Moncloa debe haber desolación. Es como si se hubiese cortado en seco la remontada que los socialistas venían cantando y que aquí anotamos hace un par de semanas con la tradicional expresión de “hay partido”. Desde anoche lo sigue habiendo, pero se ha torcido el indicio de la victoria. La derecha se vuelve a movilizar, la izquierda se lame la herida de un par de malas horas.

Ese es o parece el balance de urgencia de lo ocurrido en el plató número 14 de Atresmedia. En lo que se refiere a las formas, la ocasión fue manifiestamente mejorable. Los dos contendientes parecían dos tertulianos primerizos que se interrumpían constantemente, menospreciando la autoridad de los moderadores. Los medidores de tiempo nos deben una estadística: qué porcentaje del debate no se pudo escuchar, porque ambos hablaban al mismo tiempo. Quedó la impresión de que, al examinar la economía, dibujaban dos países de distintos por la discrepancia de las dos realidades que comentaban. Y es evidente que Vox y Bildu tuvieron un protagonismo exagerado, sin que hubiese un intento serio de decirle a este país cómo se puede salir del carajal que suponen esos partidos sin quebrar la salud democrática, el avance de las libertades ni la confianza en la unidad de la nación.