Rumbo a las urnas: Los pactos condicionan los votos

2 min
Contenido verificado
Rumbo a las urnas: Los pactos condicionan los votos
Cintillo elecciones generales 23J 2023

El pasado 29 de mayo, cuando el presidente Sánchez comunicó su decisión de adelantar las elecciones generales, parecía muy evidente su intención y así lo escribimos aquí aquel mismo día en un primer análisis de urgencia: el señor Sánchez, de acuerdo con su estilo y estrategia, intentaba que la campaña electoral coincidiese con la negociación del Partido Popular y Vox para la formación de gobiernos autónomos y municipales. El objetivo era poner al electorado en la disyuntiva del miedo: “o la extrema derecha o yo”.

Pasó un mes, y hoy se pueden leer informaciones como estas, todas procedentes de encuestas de intención de voto. En la el diario El País se concluye que “El PSOE acorta distancias con el PP tras los pactos con Vox” y se añade que “Feijóo sigue en cabeza, pero pierde once escaños respecto a la encuesta anterior”. La de ABC llega a la conclusión de que Pedro Sánchez y Yolanda Díaz recuperan 10 diputados y se acercan a los 175 con los independentistas. Y la de La Razón sostiene que los partidos conservadores perderían dos escaños después de negociar los pactos.

Estos trabajos demoscópicos siguen situando el señor Núñez Feijóo más cerca de La Moncloa que al señor Sánchez, pero anuncian un cambio de tendencia forzado por algunos medios informativos y cuya consolidación dependerá de la eficacia del ataque de la izquierda y de la inteligencia del Partido Popular en la defensa de los acuerdos. Hay que suponer que quien lo tiene más difícil es la derecha por varias razones: por la falta de guion previo, que condujo a resultados contradictorios, por ejemplo en la Comunidad Valenciana y Extremadura; por la coincidencia en el tiempo de la celebración del “Día del orgullo” y la firma de esos acuerdos, lo que hizo presentarlos como una agresión a los derechos sociales del colectivo LGTBI, con negativo impacto en una parte notable de la población; por la incoherencia de criticar la política de bloques al tiempo que se fabrica un bloque conservador de ideología muy marcada e intransigente; o por la actitud de la señora Guardiola en Extremadura, que firmó una alianza de gobernación con Vox después de tanto asegurar lo contrario y ahora muchas voces periodísticas próximas al PP le piden la dimisión.

Estamos, pues, ante una situación muy advertida: ante ese momento en que lo único importante para un partido político es no cometer errores. No se trata tanto de acertar como de no meter la pata, y en este caso el Partido Popular la metió, probablemente por falta de maldad o por la dificultad de explicar lo que tiene difícil explicación. Y ahora quizá entremos en una situación todavía peor para la derecha democrática: las actitudes vergonzantes. Las estimulan Yolanda Díaz y otros líderes cuando le preguntan a Feijóo si Santiago Abascal será su vicepresidente. Y no las destierran las exigencias de Vox, que sabe muy bien hasta qué punto puede apretar al PP.