¿Viejos? No, gracias

“Quédate con este engaño fundamental: lo que la ciencia y la tecnología han prolongado no es la vida, sino la vejez”. Es otra frase del libro Un instante eterno, de Pascal Bruckner (Editorial Siruela) que ayer comencé a comentar. ¡Qué gran verdad! Por eso hay más mayores que nunca. Por eso hay más afectados de Alzheimer que nunca y más dependientes que nunca y más consumo de medicamentos que nunca y más operaciones de estética que nunca. Si se hubiera prolongado la vida por medio, por ejemplo entre los 20 y 40 años de edad, no estaríamos hablando de avances de la medicina y la tecnología; estaríamos hablando de un milagro que hoy por hoy no parece posible. Pero que esta realidad no sirva para sembrar el pesimismo. Vivimos más y punto. Y que no se hable de viejos, aunque haya más y la humanidad está abocada a estar mucho más envejecida. Tampoco eso es una verdad absoluta: la prórroga que nos ha dado la ciencia y la mejora de calidad de vida hace que los mayores nunca hayan vivido mejor. No importa la edad. Importa cómo se afronte. E importa cómo los poderes públicos nos la dejen afrontar.