La ministra y los salarios

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La ministra y los salarios
Fogonazos

 

La vicepresidenta primera del gobierno, Nadia Calviño, hace hoy una interesante declaración en La Vanguardia: apela a evitar alzas de salarios que conviertan la inflación en estructural. Supongo que el asalariado responderá: “y a mí qué me cuenta, señora ministra. A mí que me cuenta, si tengo que sacar adelante a mis hijos, los precios me han subido un 5,5 por ciento y todo indica que, por el coste de la energía, todavía seguirán subiendo unos meses más”. Y ahí empezará el problema. El gobierno expresa sus deseos tecnocráticos, pero la gente tiene sus problemas habituales. Tal como se han puesto los precios, la cuestión para el trabajador normal ya no es ganar más, sino mantener el nivel de vida y la capacidad de compra. Ese es el desafío. Está a punto de producirse un choque de dimensiones imprevisibles entre los deseos del gobierno y las necesidades de los ciudadanos y sus familias. De momento, este cronista se limita a una consideración: no se nos puede decir que la economía progresa adecuadamente y afirmar al mismo tiempo que debemos hacernos a la idea de un cierto empobrecimiento. Porque perder tres puntos de capacidad adquisitiva puede ser llevadero para los salarios decentes, pero es un drama para los situados en el umbral de la pobreza.