Orgías de jubilados

Un periódico belga, de esos que publican noticias inventadas, publicó lo siguiente: que en la localidad de Charleroi, no muy distante del casoplón de Puigdemont, se celebró una orgía para mayores de 65 años. O sea, de 65ymás. La pasión desatada, el frenesí de los abuelos y otras circunstancias hicieron que siete de los pecadores asistentes resultaran muertos por fallos cardiacos. Como pueden imaginar y como le ocurrió a Quim Monzó en La Vanguardia, la noticia me interesó mucho por la orgía misma, por el número de asistentes y por la cantidad de defunciones, que conviene estar prevenidos. Y mecachis, la información resultó falsa: ni viejos dándole al vicio, ni viagrazos, ni infartos, ni viuda sorprendida por las andanzas de su esposo, que no estaba jugando al mus en el club de jubilados, que estaba tomando caña. Tenía que ser una fake news, queridas amigas y amigos. Y no porque los mayores no hagan orgías, sino porque, de hacerlas, las hacen bien. Si estamos predicando que hay que aprovechar la sabiduría y la experiencia de los viejos, una de las ocasiones en que mejor se puede demostrar es precisamente en las orgías. Ahí es donde la experiencia es más visible, incluso más educativa, y alcanza más demostrable rentabilidad.