Ceuta y las dos Españas

Un episodio como el de Ceuta tiene múltiples consecuencias. Lo primero que recuerda, aunque sea muy vagamente, es la Marcha Verde sobre el Sahara. Y lo segundo, la suspensión de la cumbre hispano-marroquí se iba a celebrar en diciembre, se suspendió y nunca más se supo, lo cual indica que algo va mal en las relaciones entre Rabat y Madrid. Ahora tenemos claro que Marruecos busca dar un escarmiento a España, que es la traducción de las palabras de su embajadora. Tenemos claro también que a todas las crisis que sufrimos, se une la diplomática, que nuestro país no buscó. Seguimos en la tormenta perfecta. Y, personalmente, no me da miedo Marruecos. Pero sí me dan miedo los efectos sociales: esa sensación que algunos airean de falsa debilidad; esa confrontación entre quienes solo ven un problema de derechos humanos y quienes sacan a pasear la dignidad, en cuyo nombre tantos errores históricos se cometieron, y esa oportunidad que aprovechan los extremismos: unos, en actitud bélica en defensa de la integridad nacional; los otros, metidos a denunciar el régimen marroquí, sin darse cuenta de que nos tenemos que entender. Una forma más de mostrarse las dos Españas, que nunca pierden la oportunidad de asomar.