Salutación del optimista

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Fernando Ónega: Salutación del optimista
Fogonazos

 

Dicen que ha sido la salida de las ciudades más numerosa desde el primer estado de alarma, hace quince meses. Las autopistas estaban cargadas de coches. Renfe tuvo que ampliar servicios. Volvieron las colas a Barajas. Fue una gran estampida. Después, noticias de cientos de botellones que la policía no consiguió impedir. Fotos de calles bulliciosas y de playas como en los buenos tiempos. Sonrisas de los hosteleros que, felizmente, podían celebrar lo que parecía el final de las angustias. España volvía a ser el país alegre y confiado, sin cierres territoriales y solo con alguna limitación horaria. Supongo que habrán vuelto los abrazos y los besos y este cronista solo puede hacer este apunte: si han pasado dos semanas desde el puente del Primero de Mayo y no hubo la temida cuarta o quinta ola, que ya me pierdo, es que estamos de suerte, o bastante inmunizados, o el virus es menos agresivo. Si después de este fin de semana tampoco pasa nada, es que empezamos a estar salvados. Estoy por abrazar y besar al primer conocido o conocida que encuentre por la calle. No me lo puedo creer.