La escalada

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La escalada
Fogonazos

 

Se empieza por discrepar, que en política no es defecto, sino una virtud. Se continúa por elevar el tono de la discrepancia, que solemos llamar tensión. Se llega a palabras que suenan como insultos, y las definimos como acritud. En un clima de acritud resultan imposibles los pactos, con lo cual sufre la convivencia. El paso siguiente es la polarización, en la que se diluye el centro político y se demoniza la equidistancia, incluso entre demócratas. Una política polarizada provoca el enfrentamiento entre los extremos. El fruto es la creación de bloques, que degeneran en auténticos frentes. Los frentes son la semilla natural del frentismo. Con el frentismo se suele convivir mientras están repartidos los roles de gobierno y oposición. Pero, cuando llega un proceso electoral y comienza la conquista del poder, el frentismo se hace agresivo. Las palabras parecen cargas de dinamita. En los mítines se lanzan piedras. En los debates las posiciones se hacen irreconciliables. Los medios informativos empiezan a hablar de odio. Y el odio, mientras esté en las élites, no tiene consecuencias: nos han acostumbrado a que pensemos que ese es el juego político. El drama empieza cuando ese odio cala en la sociedad. Ahí empieza el conflicto civil. Es cuanto tengo que anotar ante la locura que nos ha tocado vivir.