Fútbol rico - fútbol pobre

Entre todos los líos que tenemos, que son unos cuantos, hay uno del que no hablamos, la Superliga que ingenió don Florentino Pérez e incendió a la opinión pública y fíjense cómo somos: también dividió a la opinión pública –ahora llamada chusma, escribió Arcadi Espada– con los mismos barómetros que la política. Para la izquierda política, es un invento elitista y clasista que enriquece más a los ricos y empobrece más al proletariado del fútbol. Para la derecha, no es una mala iniciativa por lo que dice don Florentino: el fútbol está arruinado y hay que salvarlo con soluciones capitalistas. Para los centristas, hay que negociar. Prometía ser el debate del siglo, pero la idea está a punto de embarrancar, porque los equipos ingleses le han cogido gusto al Brexit y decidieron salirse. Otros lo están pensando y se puede decir que, al revés que Jesús, la Superliga al tercer día se murió. Supongo que los gobiernos europeos, también el español, lamentan el posible fracaso: mientras los ciudadanos discuten sobre el fútbol rico - fútbol pobre, no critican la política de pensiones, los despidos en la banca, la atención en las residencias de mayores, o lo que se empieza a hablar en Alemania del retorno de la austeridad.