Elogio sevillano

Hoy se debieran encender los cientos de miles de bombillas de la Feria de Abril de Sevilla. No podrá ser, como no pudo ser la Semana Santa, por las restricciones a las concentraciones humanas. Pero lo que me llama la atención es la actitud de los sevillanos –y las sevillanas, claro– ante esos cierres. Cuando fue la Semana Santa, las mujeres lucían su mantilla, como hicieron toda su vida. Y los varones vestían de traje. Y había colas en los santuarios para cumplir los ritos de la Pasión y ver las figuras que no podían salir a la calle. Y se hizo un Pregón de Pregones. Y las emisoras de radio transmitían una Semana Santa imaginada. Ahora, para la inexistente Feria de Abril, la gente celebra el centenario de la Portada a su manera. Durante el fin de semana hemos visto las terrazas llenas, como aprovechando el último sorbo antes de entrar el vigor el cierre a las 8 de la tarde. Y hay ambiente de feria. Y se verán caballos engalanados. Y se abrirán los mercadillos de siempre. Y la ciudad se ha llenado de farolillos. Y seguro que habrá faralaes. Me gusta esa ciudad. Me gusta esa gente. Me entusiasma esa forma de vivir. Y creo que merecen este elogio en medio de tanta adversidad.