A golpes de impulsos

Quiero suponer que la reducción de la cuarentena de diez a siete días está basada en criterios científicos; es decir, que no se necesitan más días para desterrar el peligro de contagio. Quiero suponerlo, porque poco se nos ha dicho en ese sentido. Los ciudadanos habíamos aceptado que los diez días era lo que duraba un contagio que podríamos llamar “normal”. Si ahora son siete, bendito sea Dios: ganamos tres jornadas para nuestra libertad sin confinamientos y, si son medio millón las personas actualmente positivas, la economía española ganaría millón y medio de jornadas laborales, siempre que no caigan en fin de semana. Las únicas quejas que podríamos hacer a las autoridades sanitarias serían estas dos: una, por qué no dieron antes este paso, si lo dieron otras naciones, algunas tan importantes como Estados Unidos (cinco días de cuarentena) o Francia (siete días, como nosotros ahora). La segunda, por qué se transmite a la sociedad la idea de que se está legislando por impulsos, según la presión de las comunidades autónomas, según las tracciones de la opinión pública o según las demandas de la economía. Ya se dio una impresión parecida con el retorno de la obligatoriedad de las mascarillas en exteriores. Y una pandemia no se puede gestionar, también lo supongo, a golpes de improvisación.