Imaginación agotada

Lo que queda de la Conferencia de Presidentes y quedará del Consejo de Ministros extraordinario de hoy es que no hay nada que inventar. Mucho más ruido que nueces. Recomendaciones y medidas que nos suenan tanto que parecen antiguas. Corrección de un gran error, por precipitación, que fue el de eliminar la obligatoriedad de las mascarillas en espacios exteriores. Vuelta a confiar en el Ejército para rastreo y vacunación. Refuerzo de la tercera dosis, aunque sea contratando a personal jubilado o de la Unión Europea. Y, naturalmente, se dejan en manos de las Comunidades Autónomas otras decisiones complementarias. Se renuncia a confinamientos y toques de queda, lo cual no sé si contradice otras recomendaciones, pero tiene lógica: ómicron, siendo más contagioso, no es tan grave como las variantes anteriores. En resumidas cuentas, mascarillas, distancia de seguridad, ventilación, higiene de manos, menos y más cortos contactos sociales. Lo sabido, lo ya hecho, lo que menos duele y lo que menos castiga a la economía. Todo eso se pudo hacer sin la fanfarria de una Conferencia de Presidentes y sin esperar a la víspera de Nochebuena. Cúidense ustedes, que los poderes públicos agotaron su imaginación. Y ya saben: que Dios reparta suerte; si algo falla, es porque la mejor Sanidad del mundo no tiene medios humanos para una emergencia.