Todo el pescado vendido
Rumbo a las urnas

Una de las frases más utilizadas para desmoralizar al adversario en un proceso electoral es esta tan perversa: “se le va a hacer infinita la campaña”. En estas elecciones de 2023 no se sabe muy bien para quién será más larga. Al principio parecía que para el señor Núñez Feijóo que, a pesar de salir como favorito, tenía el aliento de Vox en la nuca y eso estropea las fiestas a cualquiera. Pero después llegó el debate en Atresmedia y cambió todo el escenario: la campaña empezó a hacerse larguísima para los socialistas, cuyo líder disminuyó tajantemente su actividad propagandística. De hecho, la limitó a unas cuantas afirmaciones de intención profética, en el sentido de que “vamos a ganar”, aunque sea contra el sentido común. El sentido común en este caso parece residir en las encuestas de intención de voto.
Hoy comienza la segunda y última semana de campaña. A todos nos parece larguísima, porque es como una continuación de las municipales y autonómicas de mayo; porque nos coge a todos cansados de tanta palabrería y porque el discurso de los candidatos ha perdido todo atractivo. Si se me permite la frase de mercado de barrio, es como “si todo el pescado estuviese vendido” y entiéndase por pescado todo aquello que Pedro Sánchez sacaba a subasta cada semana en forma de ayuda a los débiles o a los jóvenes, en forma de subvención y en forma de tirar la casa por la ventana en una descarada compra de sufragios. No hay tiempo ni ganas para más ceremonias de seducción.
A esta sensación –y más que sensación– de cansancio, se llega con un incómodo acompañamiento: un porcentaje de indecisos parecido al de siempre, punto arriba o punto abajo. Y, como siempre, haciendo posible la afirmación de que el partido de los indecisos es el más numeroso de la recta final de la campaña. Quizá sea exagerado decir esto, pero no lo es pensar que, habiendo tanta gente sin decidir qué va a votar a seis días de las urnas, todo desenlace es posible. Es posible, por supuesto, la apuesta de Sánchez de ganar contra la lógica demoscópica. Es posible incluso que Feijóo vea cumplido su sueño de gobernar en solitario. Y es posible todo lo contrario. Lo que ignoramos es si tenemos un Alcaraz que convierta todo en victoria. En política, creo que no.